Física retorcida: Resuelven un misterio estelar de más de 30 años

Observaciones de flujos de material torcido provenientes de estrellas en formación realizadas con el Observatorio ALMA, muestran los campos magnéticos que la ciencia había predicho, pero que no podía probar.

Astrónomos que utilizan el Atacama Large Millimeter/submillimeter Array (ALMA) —del cual es socio el Observatorio Radioastronómico Nacional (NRAO) de la Fundación Nacional de Ciencias de EE. UU. (NSF)— han captado las primeras imágenes directas y de alta resolución de un campo magnético estrechamente enrollado alrededor del flujo de gas que emana de una estrella en formación; una evidencia que resuelve un enigma de hace décadas sobre cómo las estrellas jóvenes moldean los potentes chorros que las originan.

Los hallazgos, obtenidos por un equipo de investigación dirigido por Tao-Chung Ching —quien recibiera una beca Jansky de la NSF y NRAO bajo la mentoría del científico Emmanuel Momjian—, se centraron en NGC 1333 IRAS 4A, un sistema estelar binario joven situado en la nube molecular de Perseo, a unos 960 años luz de la Tierra.

Un embudo magnético invisible, revelado por ALMA

Las estrellas recién formadas crecen atrayendo gas y polvo de un disco de material circundante. Al hacerlo, también expulsan parte de ese material de vuelta al espacio mediante chorros rápidos y estrechos, así como también mediante flujos más amplios y lentos; un proceso que, según se sospecha desde hace tiempo, está moldeado e impulsado por campos magnéticos retorcidos en una configuración anular con forma de embudo alrededor del chorro.

«Por primera vez, estas observaciones de ALMA han captado este embudo de campos magnéticos invisible», señaló Ching. «Esto es emocionante porque confirma una teoría de hace décadas sobre cómo nacen las estrellas —como nuestro propio Sol— y cómo lanzan potentes chorros cósmicos».

El equipo utilizó la excepcional resolución de ALMA —aproximadamente 30 veces más nítida que la de telescopios anteriores— para medir la débil polarización del gas de monóxido de carbono que emana del flujo saliente alrededor de IRAS 4A. Esta señal de polarización permitió determinar la morfología y la intensidad del campo magnético que atraviesa dicho flujo a distancias de apenas unos cientos de unidades astronómicas (la distancia media entre la Tierra y el Sol) de la joven estrella.

El equipo descubrió que el campo magnético tenía una intensidad de unas pocas milésimas de gauss (una cifra modesta en comparación con un imán doméstico, pero inmensa a escala del espacio interestelar) y que envolvía el flujo de salida como una bobina, extendiéndose perpendicularmente a la dirección del movimiento del gas y coincidiendo con la rotación de dicho flujo. Esa geometría es característica de un campo magnético «toroidal» (o con forma de anillo), exactamente lo que los modelos teóricos habían predicho durante décadas, pero que nunca se había confirmado directamente con tal nivel de detalle.

«Este estudio representa la primera observación —y la de mayor resolución— de campos magnéticos toroidales con intensidades del orden de los miligauss a una escala de varios cientos de unidades astronómicas de una protoestrella», añade Ching.

«Sabíamos que IRAS 4A era un caso «de libro»: hace 20 años, en un trabajo publicado en la revista Science en 2006, descubrimos que esta región seguía el colapso impulsado magnéticamente que se preveía teóricamente», afirma Josep Miquel Girart, coautor e investigador del Instituto de Ciencias del Espacio (ICE-CSIC) y del Instituto de Estudios Espaciales de Cataluña (IEEC).

Una nueva herramienta para cartografiar campos magnéticos

El equipo también descubrió una ventaja inesperada: una relación matemática sencilla, basada en el principio físico conocido como ley de Ampère, que vincula la torsión del campo magnético con las corrientes eléctricas que fluyen a través del gas. Dado que dicha relación sigue un patrón lineal predecible, ofrece a los astrónomos una forma nueva y más directa de determinar la orientación de los campos magnéticos en las nubes de gas y polvo donde nacen las estrellas, una medición notoriamente difícil de realizar.
Comprender cómo los campos magnéticos moldean los flujos estelares ayuda a quienes investigan en astronomía a explicar una etapa fundamental de la formación estelar: el modo en que las estrellas jóvenes se deshacen del exceso de materia y momento angular para seguir creciendo, en lugar de desintegrarse por efecto de su propia rotación. Se cree que este mismo proceso físico tiene lugar a escalas enormemente diversas en todo el universo, desde estrellas recién nacidas —como la estudiada en este caso— hasta los agujeros negros supermasivos que impulsan galaxias lejanas.
Esta ilustración artística muestra el campo magnético retorcido y con forma de embudo (representado por líneas espirales blancas) que ALMA detectó envolviendo el flujo de gas que emana de una estrella joven situada en NGC 1333 IRAS 4A. Nuevos datos revelaron esta estructura en forma de anillo con un detalle sin precedentes, confirmando una predicción de hace décadas sobre cómo los campos magnéticos generan y moldean potentes chorros provenientes de estrellas jóvenes. Credit: NSF/AUI/NSF NRAO/M. Weiss

Información adicional

El artículo científico lleva el título «Unveiling dominant toroidal magnetic fields in a protostellar outflow» y fue publicado en Nature Communications.

La lista completa de autores es T.-C. Ching, Z.-Y. Li, Q. Zhang, J.M. Girart, S. -P. Lai, C. -F. Lee, R. Rao y E. Momjian.

Este artículo se basa en un comunicado de prensa del Observatorio Radioastronómico Nacional (NRAO), socio de ALMA en representación de América del Norte.

El Observatorio Radio Astronómico Nacional de los Estados Unidos y el Observatorio Green Bank son instalaciones importantes de la Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos, operadas bajo un acuerdo de cooperación por Associated Universities, Inc.

El Atacama Large Millimeter/submillimeter Array (ALMA), una instalación astronómica internacional, es una asociación entre el Observatorio Europeo Austral (ESO), la Fundación Nacional de Ciencia de EE.UU. (NSF) y los Institutos Nacionales de Ciencias Naturales de Japón (NINS) en cooperación con la República de Chile. ALMA es financiado por ESO en representación de sus estados miembro, por NSF en cooperación con el Consejo Nacional de Investigaciones de Canadá (NRC) y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología de Taiwán (NSTC), y por NINS en cooperación con la Academia Sinica (AS) de Taiwán y el Instituto de Ciencias Astronómicas y Espaciales de Corea del Sur (KASI)

La construcción y las operaciones de ALMA son conducidas por ESO en nombre de sus estados miembro; por el Observatorio Radioastronómico Nacional (NRAO), gestionado por Associated Universities (AUI), en representación de Norteamérica; y por el Observatorio Astronómico Nacional de Japón (NAOJ) en nombre de Asia del Este. El Joint ALMA Observatory (JAO) tiene a su cargo la dirección general y la gestión de la construcción, así como la puesta en marcha y las operaciones de ALMA.

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Jill Malusky

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Agujero negro oculto revela su presencia años después

Un equipo de astrónomos que utilizó el Very Large Array (VLA) de la Fundación Nacional de Ciencias de los Estados Unidos (NSF) detectó un estallido extraordinario de emisión de radio, originado por un fenómeno cósmico inusual donde un agujero negro de masa intermedia destroza por completo a una estrella, revelando lo que parece ser el resplandor de un potente chorro que permaneció oculto porque no estaba orientado hacia la Tierra.

Observaciones inusuales de AT2019ijn
El evento, denominado AT2019ijn, apareció por primera vez como un brillante destello azul en sondeos ópticos (observaciones sistemáticas del cielo realizadas con telescopios de luz visible), alcanzando su brillo máximo en pocos días, para luego desvanecerse a un ritmo mucho más lento de lo que suele ocurrir en otros transientes similares. Cuando el equipo analizó las observaciones de radio, encontraron algo bastante inusual: en lugar de debilitarse, la emisión de radio siguió aumentando de intensidad durante casi dos años y alcanzó una luminosidad muy superior a la observada en explosiones estelares típicas en etapas similares, para luego disminuir su brillo lentamente durante al menos cuatro años. 

El equipo concluyó que la explicación más probable es un evento de disrupción por marea, el cual es un fenómeno que ocurre cuando una estrella se acerca demasiado a un agujero negro y la enorme fuerza gravitacional la desgarra.

En este caso, el rápido aumento del brillo óptico apunta a la presencia de un agujero negro de masa intermedia, una clase que se encuentra entre los agujeros negros de masa estelar que se forman tras el colapso de estrellas masivas, y los agujeros negros supermasivos que se encuentran en el centro de las galaxias. Ha sido difícil encontrar estos objetos, por lo que los astrónomos han buscado nuevas formas de detectarlos.

AT2019ijn ofrece una de esas nuevas formas de detección: si un agujero negro de masa intermedia lanza un chorro que no apunta directamente hacia la Tierra, el fenómeno puede parecer sutil al inicio, sin embargo, con el paso del tiempo el chorro pierde velocidad y su resplandor posterior se expande, hasta que finalmente entra en nuestra línea de visión y la emisión de radio aumenta. 

Ese brillo tardío es una de las características más llamativas del descubrimiento. A una frecuencia de 3 gigahercios (GHz), la señal de radio alcanzó una luminosidad 100 veces superior a la emisión registrada en los transientes ópticos azules rápidos o en supernovas observadas en etapas comparables.

Observaciones con múltiples instalaciones y modelado
Para armar el rompecabezas de este evento, el equipo combinó datos de sondeos ópticos con las observaciones obtenidas por el VLA de la NSF, incluido el Very Large Array Sky Survey, además de mediciones adicionales del radiotelescopio ASKAP en Australia y del renovado Giant Metrewave Radio Telescope (GMRT) en India. 

Esta amplia cobertura de radio permitió rastrear cómo la señal fue cambiando a lo largo del tiempo y a la vez poner a prueba distintos modelos para el flujo de materia en expansión impulsado por un evento de disrupción por marea. Los modelos indican que la emisión de radio proviene de material que se desplazaba a una fracción de la velocidad de la luz significativa. La mejor explicación para estos datos es la existencia de un chorro relativista estrecho observado desde un ángulo muy lateral, en lugar de verlo de frente. Eso explicaría por qué el destello de radio apareció tan tarde.

Importancia científica
Este descubrimiento es especialmente importante porque amplía las herramientas con las que los astrónomos pueden buscar agujeros negros ocultos y los extremos chorros que producen. Además, sugiere que algunos transientes ópticos inusuales podrían pertenecer a una familia mucho más amplia de fenómenos impulsados por agujeros negros, pero que han pasado desapercibidos porque sus máximos de emisión de radio ocurren mucho después del destello inicial. 

A medida que los nuevos sondeos observen repetidamente el cielo, tanto en luz visible como en radio, el equipo espera descubrir más eventos como AT2019ijn. Cada nueva detección ayudará a comprender mejor cómo se forman los agujeros negros de masa intermedia, con qué frecuencia destruyen estrellas y bajo qué condiciones producen potentes chorros relativistas.

 

Ilustración artística de lo que ocurre tras la destrucción de una estrella por un agujero negro de masa intermedia, un evento que forma un disco de acreción y un chorro relativista estrecho (arriba a la izquierda). La línea punteada representa nuestra línea de visión desde la Tierra. Como el chorro no apuntaba directamente hacia nuestro planeta, su resplandor posterior solo pudo detectarse cuando la emisión de radio (abajo a la derecha) se expandió lo suficiente como para entrar en nuestra línea de visión, lo que hizo que la señal aumentara de brillo de forma notable varios años después del evento inicial. NSF/AUI/NSF NRAO/M.Weiss

Información adicional

El artículo científico es de acceso abierto y lleva el título «AT2019ijn: A fast rising, Slow-decaying Blue Optical Transient with Exceptionally Bright Radio Emission» y fue publicado en The Astrophysical Journal Letters.

La lista completa de autores es Hucheng Ding, Xinwen Shu, Luming Sun, Liangduan Liu, Lei Yang, Yunwei Yu, Xueguang Zhang, Ying Gu, Fangkun Peng y Fabao Zhang.

Este artículo se basa en un comunicado de prensa del Observatorio Radioastronómico Nacional (NRAO) y fue traducido originalmente por Sofía Acevedo. El Observatorio Radio Astronómico Nacional de los Estados Unidos y el Observatorio Green Bank son instalaciones importantes de la Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos, operadas bajo un acuerdo de cooperación por Associated Universities, Inc.

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El Telescopio de Green Bank apoya a la misión Artemis II

El Telescopio Green Bank de la Fundación Nacional de Ciencia (NSF GBT) apoyará la misión Artemis II de la NASA ayudando a rastrear la nave espacial tripulada Orión durante su histórico viaje alrededor de la Luna. 

Como parte del programa de Comunicaciones y Navegación Espacial (SCaN) de la NASA, el Telescopio Green Bank brindará apoyo al seguimiento y las comunicaciones de Artemis II, añadiendo mayor sensibilidad y cobertura a las redes que mantienen a los astronautas conectados con la Tierra. Utilizando su área colectora de 100 metros y sus receptores de alta sensibilidad, el GBT realizará observaciones de radar de la cápsula Orión mientras viaja más allá de la órbita terrestre baja, aportando datos de seguimiento precisos necesarios para la seguridad y la navegación de la misión. El GBT brindará apoyo a la misión Artemis II observando a Orión durante seis horas diarias durante los 10 días que dura la misión, mientras la tripulación se encuentra más cerca de la Luna.

Artemis II es la primera prueba de vuelo tripulada del cohete SLS (Sistema de Lanzamiento Espacial) y la nave espacial Orion de la NASA, enviando a cuatro astronautas a un sobrevuelo lunar para probar los sistemas de soporte vital, comunicaciones y otros sistemas críticos en el espacio profundo. Esta es la primera misión tripulada más allá de la órbita terrestre baja desde el Apolo 17 en 1972, y el primer sobrevuelo lunar tripulado en más de 50 años.

“Estas observaciones conjuntas con el GBT le brindan a la NASA una perspectiva única de la misión Artemis II”, indica Will Armentrout, científico que trabaja en el Observatorio de Green Bank, coordinando las operaciones del GBT para este proyecto. Todas las demás observaciones de la misión alrededor del mundo serán pasivas, con telescopios que captarán las señales que Orion emite desde sus antenas a bordo. El GBT realizará observaciones activas, utilizando radar, en conjunto con el Laboratorio de Propulsión a Chorro (Jet Propulsion Laboratory) de la NASA. Una antena de la Red del Espacio Profundo (DSN) de la NASA en California dirigirá energía de radio hacia la nave espacial Orion, y el GBT captará el reflejo de esta energía en Orión, reflejo que es extremadamente débil.  

“El radar nos permite determinar la trayectoria de la nave sin tener que depender de las antenas de comunicación que tiene a bordo”, explica Armentrout. “Para realizar observaciones de radar a la distancia de la Luna requiere transmisores poderosos y radiotelescopios realmente grandes, como el GBT. Esta colaboración destaca las mejores capacidades de apoyo espacial que los Estados Unidos tiene para ofrecer. Estamos honrados de trabajar con NASA en la primera misión tripulada a la Luna en décadas y esperamos colaborar aún más a medida que aumente la frecuencia de los lanzamientos!”.

Mediante esta colaboración con SCaN, el Telescopio Green Bank continúa su legado de impulsar la exploración espacial de vanguardia, desde el estudio de galaxias distantes hasta guiar el regreso de la humanidad a la Luna. Recientemente, el GBT proporcionó observaciones de radar para la Prueba de Redirección de Asteroides Dobles de la NASA, la primera misión de “protección planetaria” del mundo. Actualmente se están llevando a cabo conversaciones para brindar apoyo continuo a la Red de Espacio Profundo (DSN) de la NASA. Esta colaboración subraya la importancia de combinar las instalaciones de investigación con la infraestructura de vuelos espaciales de la NASA y demuestra cómo la radioastronomía puede apoyar directamente la exploración humana más allá de la órbita terrestre. 

Sobre GBO y NRAO

El Observatorio de Green Bank (GBO) es parte del Observatorio Nacional de Radioastronomía (NRAO), una importante instalación de la Fundación Nacional de Ciencia de Estados Unidos, operada mediante un acuerdo de cooperación por Associated Universities, Inc. (AUI).

La misión Artemis II utilizará la red SCaN para enviar datos vitales de vuelta al control de la misión en la Tierra. Esto incluye comunicaciones con los astronautas, información de seguridad y salud, imágenes, videos y más. NASA / Dave Ryan
El telescopio de Green Bank se encuentra en el estado de West Virginia. US NSF/AUI/NSF NRAO