“Diversidad e inclusión en el ADN de nuestras organizaciones”

El observatorio ALMA es el resultado de un esfuerzo colectivo de un grupo diverso, y por lo tanto, no es sorprendente que Diversidad e Inclusión sea uno de los valores de central importancia de nuestra organización. Es bien sabido que grupos compuestos por personas de diferente pensamiento son creativos, ya que son más abiertos a cambiar lo establecido, dándose licencia para explorar nuevas e innovadoras alternativas a los desafíos que enfrentan y están mejor preparados para debatir de forma constructiva, usando el conflicto como una herramienta para mejorar y evolucionar.

Con la misión de explorar el universo, Atacama Large Millimeter/submillimeter Array (ALMA), el radiotelescopio más grande del mundo alberga a personas de distintas nacionalidades, culturas, razas y origen étnico, edades, identidades de género y orientaciones sexuales, y distintas destrezas físicas y mentales; convirtiéndonos en una “pequeña naciones unidas” en el que cada uno contribuye con su experiencia y conocimiento para satisfacer nuestra curiosidad acerca de los fenómenos astronómicos.

Todos los socios de ALMA adhieren al principio de valorar la diversidad, promover y proteger la equidad y practicar la inclusión. De hecho, el Joint ALMA Observatory en Chile está actualmente desarrollando un plan estratégico de Diversidad e Inclusión para los siguientes 10 años, con la ambición de enriquecer nuestra cultura organizacional con las distintas perspectivas y puntos de vista que un equipo de trabajo puede ofrecer, respetando las individualidades.

El quehacer científico y la operación de instalaciones científicas constituyen un proceso creativo que necesita de la complementación de varias disciplinas y destrezas. Este abordaje multidisciplinario indudablemente enriquece el resultado de cualquier proyecto y espacio colectivo de trabajo. Un fenómeno a ser estudiado necesita de muchos científicos e ingenieros que imaginen cómo detectarlo y diseñen la tecnología para implementar y operar ese detector. En este sentido, es satisfactorio ver cómo la diversidad impacta directamente en la creatividad y la sinergia en los equipos de trabajo donde la imaginación es la única limitante.

En lo personal, trabajar en la construcción y la operación de un observatorio tan complejo como es ALMA, junto a un equipo tan variado como el nuestro, ha sido extremadamente desafiante y gratificante. Este trayecto me ha retribuido una valiosa oportunidad de aprender de personas con diferentes niveles de experiencia, contribuyendo a mi crecimiento como profesional y también como ser humano. Las interacciones profesionales y sociales, con mentores y mentoras, son también parte de nuestras trayectorias laborales y configuran la hoja de ruta de las instituciones y organizaciones que nos acogen.

De niño tenía gran interés por aprender acerca de ciencias, matemáticas y física, e incluso música, arte e idiomas. En casa había una biblioteca con muchas enciclopedias y tuve el privilegio de contar con el apoyo constante de mi familia en satisfacer esa curiosidad. Estudiar una carrera STEM e iniciar mi vida profesional en instalaciones astronómicas fue el resultado natural al estímulo de mis padres y el deseo de continuar con mis experimentos caseros para dar respuestas a mis muchas preguntas.

Desde mi perspectiva, hoy como padre, el estimular al interior de la familia la curiosidad de las niñas y niños, incentivarlos a experimentar en equipo, responder sus preguntas en un lenguaje adecuado para su edad, y vincular los juegos a la ciencia y el arte como un solo proceso creativo social, ayuda a incrementar el gusto por aprender y los incentiva a tener aún más preguntas que responder. Como sociedad, esto es un círculo virtuoso que debiéramos tener siempre en mente.

En cuanto a la promoción de vocaciones STEM, todos tenemos la responsabilidad de derribar estereotipos que condicionan a ciertos grupos de individuos, ya sea a sentirse inseguros frente a la posibilidad de alcanzar el éxito a través de este perfil de carreras, así como eliminar barreras que coarten su desarrollo (económicas, educacionales, falta de oportunidades). A pesar del avance en las últimas décadas, no todas las organizaciones han integrado dentro de sus políticas internas y procesos de reclutamiento, una perspectiva de valoración y práctica de la diversidad y la inclusión, con el objetivo de enriquecer tanto la atracción como la retención de talento.

El incentivo para las carreras STEM debe estar alineado con la igualdad de oportunidades y condiciones garantizadas, así como a las políticas públicas que sintonicen con dicho propósito, y al diseño cuidadoso de los procesos de selección y recompensa desde las etapas tempranas de la educación hasta la etapa de desarrollo y crecimiento profesional, de manera que las oportunidades de cada individuo no se sometan a sesgos hacia algunas de las dimensiones internas o externas de la diversidad.

Tengo la convicción en que la diversidad y la inclusión deben estar en el ADN de nuestras organizaciones y de la sociedad. Valorar la diversidad y practicar la inclusión es lo que nos permite conectarnos con nuestra humanidad al actuar por y para nuestros pares.

Científicas de la Quinta Región se unen a Red de Mentoras PROVOCA para incentivar vocaciones STEM entre mujeres

  • Formadas como astrofísica, ingeniera y diseñadora industrial, tres científicas porteñas hoy se forman para guiar y acompañar a niñas con inquietud científica, acercando sus testimonios de profesionales en disciplinas STEM en Chile, derribando estereotipos y motivando la curiosidad en niñas y jóvenes de todo el país. Estos son los relatos de Catalina Arcos, Leslie Pedrero y Guillermina Ponce, verdaderas “provocadoras” de las ciencias.

Científicas del área de la astrofísica, el diseño industrial y la ingeniería electrónica de la V Región hoy son parte de la Red de Mentoras PROVOCA, una iniciativa liderada por AUI/NRAO -socio norteamericano del observatorio ALMA- que con el apoyo de LideraMujer, busca empoderar a mujeres en las áreas de la ciencia, tecnología, ingeniería y matemática; para inspirar, acompañar y guiar a futuras generaciones de chilenas.

Las disciplinas STEM, aún con una baja representación femenina, son además profesiones mejor remuneradas que según especialistas en equidad de género, constituyen un motor de desarrollo y movilidad social. Desde su creación en 2019, PROVOCA ha logrado a través de una serie web y encuentros con modelos de rol, socializar testimonios de mujeres que se desempeñan en las denominadas “ciencias duras”, realizándose integralmente como mujeres.

Este es el caso de Catalina Arcos (33 años), doctora en astrofísica del Instituto de Física y Astronomía de la Universidad de Valparaíso; Leslie Pedrero (39 años), diseñadora industrial y especialista en fibra de carbono del proyecto Mirror/NPF, una colaboración entre  el Centro Científico Tecnológico de Valparaíso (CCTVal), la Universidad Técnica Federico Santa María y la Universidad de Valparaíso; y Guillermina Ponce (34 años), técnico en electrónica, cursante de la carrera de Ingeniería en Automatización y Control Industrial y parte del área de front-end del observatorio ALMA. Todas grandes exponentes de la región de Valparaíso, que integran la Red de Mentoras PROVOCA.

Catalina cuenta que desde niña le apasionó la astronomía y de hecho quería ser astronauta. “Me gustaba el espacio y las estrellas. En octavo ya quería estudiar astronomía y averiguaba sobre el mapa nocturno del cielo. En enseñanza media estaba en un liceo católico en Viña del Mar, donde conocí a un cura aficionado a la astronomía y me invitó junto a mi papá a ver el cielo en su telescopio. Esa noche observé Júpiter y Saturno y quedé maravillada. Tenía 16 años”, comenta la astrofísica.

Para no alejarse de su familia, Catalina ingresó a licenciatura en física con mención en astronomía, que entonces se impartía por primer año en Valparaíso. Recuerda que sus padres la apoyaron en su decisión. Es una de 5 hermanos, su madre es profesora y su padre es ingeniero. “Mis papás son un matrimonio muy esforzado y siempre quisieron que estudiásemos en la universidad. Hoy todos somos profesionales”.

Catalina comenta que su carrera era muy nueva, nadie sabía muy bien cuál era la trayectoria formativa y laboral de un investigador. De su generación de 45 alumnos, solo alrededor de 10 eran mujeres. “Hoy es bastante equitativo. En el Instituto de Física y Astronomía de la Universidad de Valparaíso existen 22 académicos, físicos y astrónomos, todos muy competentes y hay una muy buena relación de equipo. Hoy hago clases de física en varias carreras y tengo horas para investigación. Soy también encargada de vinculación con el medio del instituto, trabajo en un hermoso proyecto sobre seguimiento de estrellas masivas. Pronto, además, haremos talleres de física y astronomía para niños de 10 a 18 años, de las residencias del SENAME de Quilpué, Viña del Mar, Villa Alemana, Quillota y Valparaíso. Estoy muy entusiasmada porque la ciencia se aprende haciendo y este taller les permitirá a los niños realizar experimentos y observar a través de telescopios. Vamos a acercar la ciencia a las nuevas generaciones y a contribuir en el cierre de brechas de acceso a este tipo de experiencias de aprendizaje”.

En 2020, Catalina participó del Encuentro PROVOCA Valparaíso, un conversatorio virtual de científicas con estudiantes de colegios y liceos de la región y de Santiago. A partir de esa actividad, se formó una comunidad con científicas muy jóvenes, que la inspiró a unirse a la Red de Mentoras, con el propósito de desarrollar habilidades para acompañar a otras niñas y jóvenes. “En este proceso valoro el cultivo del autoconocimiento y el desarrollo personal, y es increíble cómo eso ayuda a saber apoyar y guiar a otros. Es enriquecedor tanto para las mentoras como para las mentees”. Su consejo a las futuras científicas es a seguir sus sueños y confiar en sus instintos, también a ampliar la mente y pensar en carreras profesionales o técnicas.

Por su parte, Leslie creció con sus 4 hermanos y sus padres, él marino y ella dueña de casa. Es parte de la primera generación con estudios superiores de su familia. Ella es diseñadora industrial y sus hermanos; ingeniero mecánico, veterinaria y músico. “A mí siempre me gustó construir cosas, desde hacerme mis propias casas de muñecas hasta mis agendas. Lo que no tenía, me las ingeniaba para hacerlo con mis manos. Estudiar diseño industrial me dio un campo muy versátil de trabajo, desde hacer un mueble, hasta donde estoy hoy…construyendo nuevos espejos de telescopios a base de fibra de carbono”.

Leslie no para de aprender; desde materiales compuestos hasta óptica y física. En su equipo de trabajo hay un experto pulidor de espejos astronómicos, también ingenieros mecánicos y electrónicos, astrónomos y físicos. “Es una forma colaborativa de trabajo, donde cada uno aporta desde su perspectiva, con sus habilidades y conocimientos. Mi mensaje busca alentar a que las niñas sigan sus sueños. Me parece absurdo que una persona piense que no puede seguir su vocación porque es mujer u hombre. Eso nunca pasó por mi mente. Ser profesional me ha dado mayor autonomía y herramientas para salir adelante”, concluye.

Finalmente, Guillermina, si bien es de Valparaíso, hoy trabaja en San Pedro de Atacama en el observatorio ALMA. Hace 7 años es parte del área de ingeniería de front-end, donde están los receptores de las antenas. “En el área de ingeniería, en este observatorio hay pocas mujeres, somos solo dos y soy la única mujer técnico. Espero que se abran más espacios. Creo que las mujeres aportamos otro punto de vista y tenemos habilidades particulares, como las sociales”.

Su padre era eléctrico de oficio y antes fue trabajador portuario por muchos años. Desde niña conocía las herramientas y los equipos del área que finalmente fue su trabajo. “Me gusta esta carrera porque es muy flexible y nunca se para de aprender”, asegura. De sus rasgos de personalidad, se reconoce muy capaz de trabajar bajo presión, de ser perseverante y no quedarse “pegada” en los problemas. Cuenta que, por el hecho de trabajar tantos años entre hombres, se ha hecho más dura y hoy le cuesta más conectarse con sus sentimientos.

Ahora en la red de mentoras, en muchos de los relatos confiesa que se ha visto reflejada. “Cuando termine mi carrera de ingeniería, espero ser madre en algún momento. Como muchas, me pregunto cómo será criar un hijo estando fuera de casa tanto tiempo, por los turnos. Me cuestiono también si el alejarme para criar implicará el riesgo de perder mi lugar en el trabajo. Es esa inquietud de no poder responder por completo en ninguna parte. Yo tuve que trabajar para costearme mis estudios y claramente no quiero retroceder”, explica. Pese a ello, sueña con ser mamá.

La Red de Mentoras PROVOCA le ha permitido ser parte de espacios de conversación, incluso algo “terapéutico” (se ríe), ya que te dedicas un tiempo y juntas descubrimos que tenemos las mismas dudas. “Quiero aprender a impactar en la vida de otras, por todas esas personas -hombre y mujeres- que me ayudaron en algún momento y así pueda retribuirles de algún modo”, finaliza Guillermina Ponce.