- Gabriela Mena, estudiante de tercer año de astronomía y Benjamín Ceballo, estudiante de cuarto año de ingeniería civil en telecomunicaciones, ambos de la Universidad de Concepción, visitaron Corea, siendo parte de un proyecto del foro intergubernamental para la Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), que buscó promover el desarrollo de habilidades de emprendimiento con impacto social, sostenible e inclusivo, en universitarios menores de 30 años.
- Los jóvenes también son estudiantes graduados del programa de mentorías para talentos con vocación científica, PROVOCA de AUI/NRAO, instancia en la que desarrollaron habilidades comunicacionales, de planificación y liderazgo, útiles para asumir este desafío junto a otros 40 participantes.
El Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), mediante la oficina de relaciones internacionales del MINEDUC, invitó a jóvenes universitarios de las economías miembro para capacitarse en el desarrollo de habilidades para el apoyo del empleo y el emprendimiento. Con énfasis en el desarrollo sostenible y de impacto social, Benjamín Ceballo y Gabriela Mena, estudiantes STEM y también graduados del programa de mentorías científicas PROVOCA de AUI/NRAO, participaron recientemente del taller internacional en Corea: ASSET, acrónimo en inglés por APEC, Capacitación para el emprendimiento sostenible y social.
La iniciativa consistió en crear una fundación para inspirar a jóvenes entre 18 y 30 años en la creación de emprendimientos con impacto social, y el compromiso con un desarrollo sostenible e inclusivo. En la actividad participaron 40 jóvenes de los 10 países miembro de la APEC.
Gabriela Mena descubrió PROVOCA entre 2022 y 2023, mientras evaluaba estudiar una carrera STEM y enfrentaba la posibilidad de mudarse desde Punta Arenas. La experiencia, junto con el apoyo de sus mentoras, le dio la confianza y la información necesarias para postular a astronomía en la Universidad de Concepción, donde actualmente cursa tercer año, participa como ayudante y vicepresidenta del centro de alumnos. También participó en la serie exhibida el 2025 por NTV, basada en testimonios surgidos en las mentorías PROVOCA, llamada “Brillantes, Mentes que iluminan”.
Hoy con 22 años, Gabriela destaca el aporte del programa de mentoría en su definición vocacional. “PROVOCA me ayudó a asentar mi interés por la astronomía y la planificación para hacerlo realidad, aterrizando ideas sobre cómo era la carrera, cómo era realmente la vida de un astrónomo y qué significaba hacer ciencia. Lo más relevante fue la seguridad de poder saber que yo podía perseguir ese desafío. Estoy muy agradecida con el programa y siento que sigue siendo una red fundamental en mi vida actualmente”, señala.
Por su parte, Benjamín Ceballo es estudiante de ingeniería civil en telecomunicaciones de la Universidad de Concepción, ingresó a PROVOCA para aclarar si quería seguir una trayectoria académica o incorporarse a la industria. Asegura que la mentoría le ayudó a explorar opciones, planificar su futuro y definir una carrera que combine investigación, innovación tecnológica e impacto social. Actualmente busca comenzar un magíster mientras termina su ingeniería, con el objetivo de desarrollar investigaciones que lleguen a mejorar la calidad de vida de las personas.
“PROVOCA me ayudó a conocer qué caminos había y buscar activamente opciones para saber cuáles se adaptaban a mis intereses. Ahora estoy buscando alguna forma de crear una carrera que mezcle la investigación y la innovación tecnológica, y de paso trabajar en una industria, pudiendo incidir directamente en la sociedad y mejorar la calidad de vida de personas a través de la ciencia”, sostiene Benjamín.
Estudiantes graduados de PROVOCA en Corea
Durante el desafío ASSET, los participantes se dividieron en equipos, el equipo donde participó Gabriela abordó la falta de acceso a materiales educativos en comunidades donde aproximadamente el 90% de la población dispone de algún dispositivo tecnológico, pero muy pocas personas tienen conexión a Internet. El problema principal no era la ausencia de hardware, sino la dificultad para acceder a los textos escolares: incluso los docentes debían viajar a otras ciudades para comprarlos. La solución propuesta fue una base de datos en línea con libros y materiales educativos descargables, adaptable a distintos modelos de enseñanza y países.
El equipo donde participó Benjamín trabajó sobre la autosuficiencia económica y el crecimiento inclusivo, enfocándose en adultos mayores que necesitan o desean seguir trabajando después de jubilarse debido a pensiones insuficientes. Propusieron una plataforma con inteligencia artificial capaz de construir el perfil profesional de una persona a partir de una interacción por voz, identificar habilidades adquiridas incluso en trabajos informales y conectarla directamente con emprendimientos o empresas que requirieran esa experiencia. Este fue finalmente el proyecto ganador de la iniciativa.
Tanto Gabriela como Benjamín, aseguran que la experiencia les permitió distinguir entre la innovación centrada principalmente en vender productos y la innovación social, que busca generar un impacto positivo y, al mismo tiempo, construir modelos sostenibles. Los jóvenes chilenos comprendieron que una iniciativa social no tiene por qué depender únicamente de donaciones o de la voluntad de sus impulsores; también puede convertirse en una empresa viable si incorpora otras consideraciones al diseñar su modelo de negocio.
Para Benjamín, esta perspectiva fue especialmente relevante al decidir entre la industria y la academia. “La innovación apareció como una vía intermedia que combina investigación y aplicación práctica, pero con una preocupación explícita por las personas y la sociedad. La experiencia me ayudó a reducir las opciones profesionales, clarificar intereses y aumentar mi motivación y confianza”.
En el caso de Gabriela, el principal aprendizaje estuvo en “ (…) desarrollar habilidades transversales como trabajo en equipo, coordinación, comunicación intercultural, adaptación a distintas formas de trabajo, identificación de las capacidades propias y ajenas y disposición a aprender de todas las personas. También valoro la posibilidad de conectar mis intereses científicos con mi participación en organizaciones sociales y voluntariados”.
El entrenamiento en Corea mostró que las carreras STEM pueden vincularse con necesidades sociales, económicas e industriales, y que el desarrollo tecnológico no tiene por qué separarse del bienestar colectivo. Los participantes se llevaron el desafío de construir carreras que mantengan la investigación o el desarrollo científico, pero que contribuyan directa o indirectamente a mejorar la vida de las personas.
La experiencia ASSET incluyó una visita a un centro de emprendimiento, donde los y las emprendedores reciben apoyo para dar sus primeros pasos. Esto mostró la importancia de ofrecer infraestructura y oportunidades concretas para experimentar a quienes recién empiezan. El espacio proporcionaba oficinas a bajo costo, biblioteca, Wi-Fi, salas de reuniones y áreas de prueba. Incluso algunos emprendimientos gastronómicos podían testear sus productos dentro de una cafetería del propio centro. Esta infraestructura permitía que personas jóvenes probaran ideas, reunieran equipos y asumieran riesgos tecnológicos con apoyo institucional.
La sociedad coreana llamó la atención de los participantes chilenos por el respeto a las normas, el orden, el silencio, el cuidado del espacio personal y la etiqueta en lugares públicos. A la vez, sintieron que los latinoamericanos podían aportar una forma más cercana y espontánea de conectar personalmente, complementando el alto desarrollo tecnológico asiático.