Tamara Moreno Blanco
Ingeniera comercial
| Ocupación: | Estudiante de Licenciatura en Ciencias de la Administración / Ingeniería Comercial en Universidad Técnica Federico Santa María |
|---|---|
| Región: | Magallanes y de la Antártica Chilena |
| Pasatiempos: | Aprender, dar clases, tomar cursos, participar de diversos tipos de programas, cantar, dibujar, pintar. |
| Linkedin: | https://www.linkedin.com/in/tamara-moreno-blanco |
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Mi perfil
Tamara vive con sus padres, su hermano, su hijo y su perrita. Cuenta que su infancia tuvo momentos maravillosos con su familia, pero también enfrentó la cruda realidad de maltrato en su familia de origen. Llegó a la casa de sus padres adoptivos con solo dos meses de vida, y si bien hubo episodios complejos vinculados a su historia de origen, ellos hicieron lo imposible por darle una infancia lo más feliz posible. “Eso marcó la diferencia”, asegura.
Desde muy pequeña su madre dedicó tiempo a potenciar sus aprendizajes, lo que le permitió leer, escribir y resolver operaciones básicas mucho antes de entrar al colegio. Cuenta que fomentaban su desarrollo con juegos didácticos y música clásica. Además, gracias a su papá, tuvo acceso temprano a computadores, lo que despertó en ella una curiosidad profunda por la tecnología. Precisamente esa cercanía la llevó a explorar la codificación desde el tiempo del MSDos hasta lenguajes como Vba y Python, los que planea continuar aprendiendo.
A modo de anécdota, cuenta que gracias al trabajo de su papá, tuvo la oportunidad de conocer a Stephen Hawking en su paso por Punta Arenas en 1997. «Yo tenía casi diez años. Ese momento despertó una especie de necesidad de entender cosas, de buscar respuestas, de mirar el mundo con curiosidad. Y eso me sucede hasta hoy», señala.
En el colegio aprendió que ser distinta incomoda. Fue víctima de bullying de parte de algunas compañeras, tanto en el colegio como después en la universidad. «Me decían rara por tener una curiosidad constante, por analizar o pensar las cosas diferente o más rápido. Hace poco supe que a los seis años me habían diagnosticado Trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), pero no me dieron tratamiento porque tenía buen rendimiento. En ese momento entendí muchas cosas. Durante mucho tiempo me sentí sola e incomprendida, hasta que llegó una compañera nueva con la que compartimos muchos gustos e intereses. Se convirtió en mi mejor amiga, con ella aprendí que compartir nuestros conocimientos es la mejor forma de aprender y que no todas las personas compiten de mala manera».
Cuenta que tuvo la suerte de encontrar profesoras que transformaron su forma de ver el conocimiento. «La Tía Carmencita, en matemáticas, me hizo amar los números y sentó las bases de lo que sería mi formación en el área. Más tarde, en enseñanza media, fui alumna de Hilda Carrera, una mujer que inspira con su sola presencia en el aula. Ella me dio herramientas para proyectarme en disciplinas científicas, y ha sido reconocida como una de las científicas más destacadas de Latinoamérica y premiada por el Global Teacher Prize Chile. Ambas fueron referentes que marcaron mi vocación en STEM».
Fue madre joven, lo que la obligó a replantear por completo sus planes de estudio. Una ingeniería ya no era opción: siete años eran simplemente inviables. Optó por la pedagogía en matemáticas para enseñanza media, no obstante decidió cambiarse a Técnico Universitario en Procesos Industriales con mención en Industria Química.
Más tarde ingresó a la Universidad Técnica Federico Santa María para estudiar ingeniería comercial, carrera que está por finalizar.
Durante mucho tiempo se desempeñó en trabajos administrativos, pero en paralelo hacía clases particulares, especialmente de matemáticas. Le encanta saber que es capaz de influir de tal manera en una persona que puede transformar el miedo y el rechazo por el interés en esta asignatura, logrando que muchos de sus estudiantes terminen siguiendo carreras en ingeniería.
Participó en varias oportunidades en voluntariados y escuelas de liderazgo. Cuenta que durante su estadía en la V Región participó en diversas instancias educativas relacionadas con STEM, innovación y emprendimiento. Ahí adquirió nuevos conocimientos, y comprendió una nueva forma de entender la mentoría.
«Me di cuenta que uno actúa como mentora cada vez que guías a una amiga, que levantas a alguien que quiere abandonar todo, que das un consejo de vida, que ayudas a superar un trauma, que empoderas a otros o que inspiras. Ser mentora no es solo aprender teoría, se necesita saber escuchar, comprender lo que la otra persona necesita, y ojalá, tener una historia de vida que permita enseñar desde el ejemplo y la experiencia», asegura.
Asegura ser muy comprometida con todo lo que hace. Es responsable, ordenada, empática y algo introvertida. La guía una curiosidad constante y un deseo genuino de entender cómo funciona el mundo, con un estilo de pensamiento divergente que la lleva a ver soluciones donde otros no las ven. Aporta ideas con propósito, vínculos humanos genuinos y muchas ganas de hacer las cosas bien.
En su tiempo libre le gusta aprender mientras escucha series que no necesita ver, salir a caminar con su perrita, o compartir juegos de cartas y estrategia con amigas. También disfruta de las manualidades, especialmente pintar, dibujar y esculpir. Suele ver k-dramas para desconectar y lee sobre energías renovables, neuroeconomía y procesos físicos complejos.
La mueve la posibilidad de conectar conocimiento con humanidad, y de enseñar no solo desde la teoría, sino desde lo vivido. Sueña con crear una academia donde niñas, jóvenes y mujeres puedan aprender ciencia, tecnología y negocios en comunidad, sin miedo y sin etiquetas.
Lo que más le atrajo de PROVOCA es que no busca solo enseñar teoría, sino reconocer la experiencia como parte del conocimiento. «Siento que aquí puedo aprender nuevas herramientas para acompañar mejor, con una base sólida y consciente. Me interesa profundizar en cómo enseñar desde la empatía, cómo guiar sin imponer, cómo comunicar mejor lo que sé. Creo que ser parte de esta red me permitirá seguir tejiendo alianzas y multiplicando conocimientos», concluye.
Sueña con crear una red de acompañamiento progresivo (tipo Pay it Forward), donde cada persona STEM acompañe a otros desde el momento en que deciden qué estudiar, hasta que ya están ejerciendo. Que puedan formar equipos por área y contexto, y donde el conocimiento y la experiencia no se guarden: se devuelvan.