Marco Rojas Belmar
Profesor de matemática
| Ocupación: | Profesor en Liceo Bicentenario Altos del Mackay (Coyhaique) |
|---|---|
| Región: | Aysén del General Carlos Ibáñez del Campo |
| Pasatiempos: | jugar computador, entrenar agente de IA para orientación STEM, disidencias sexuales, talleres de robótica y programación. |
| Linkedin: | https://www.linkedin.com/in/marc0rojas/ |
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Mi perfil
Nacido en Concepción, Marco dice que si bien estudió en la capital penquista, su hogar estaba en el campo y todas sus aventuras de infancia transcurrieron ahí. Es el menor de 5 hermanos varones. Su padre, trabajador mecánico de la industria forestal, y su madre dueña de casa; lo apoyaron en todo momento y creció rodeado de mucho amor.
Si bien su infancia transcurrió entre maquinarias y motores, tenía claro que quería estudiar en la «mítica» Universidad de Concepción (UdeC), un sueño para todos los de su ciudad.
Desde pequeño destacó por ser muy talentoso y estudioso. En la enseñanza media se educó en un liceo técnico-profesional muy vanguardista, y pese a que egresó como técnico en mecánica automotriz (trabajo de todos sus hermanos), entró a estudiar arquitectura en la UdeC. Cuenta que sin hacer preuniversitario, ingresó con un excelente puntaje, pero asegura que sin una vocación clara.
Tras un año de estudiar arquitectura, decidió trabajar, y en el intertanto optó por estudiar pedagogía, aunque no tenía muy claro si en historia o matemática. «Quizás en parte por ego, me di cuenta que me encantaba enseñar y que me sentía muy bien cuando alguien me decía, que ahora entendía. Siempre disfruté mucho de la interacción social y creo que la enseñanza combina esas habilidades», añade.
Le gusta mucho estar en el aula con sus alumnos de terceros y cuartos medios, así como hacer talleres de robótica y habilidades sobresalientes (para niños y niñas de séptimo y octavo). Explica que en esta última instancia, se generan espacios seguros para profundizar en distintas áreas del conocimiento y que siendo un liceo muy transversal que reúne a estudiantes de distintas clases sociales, siente que contribuye a acercar las brechas de acceso a las STEM. Marco, además, está continuamente preparando a sus alumnos para participar en campeonatos de matemática en su región y otras.
Es el primer miembro de su familia en ser universitario y eso le llena de orgullo.
A lo largo de su vida comprendió que equivocarse también significa avanzar. Como él, hay muchos que estudian distintas carreras hasta encontrar su verdadera vocación. En su caso, gracias a la Beca Vocación de Profesor, inició esta trayectoria laboral que le llena de satisfacción.
«Hoy sigo aprendiendo, porque nunca he dejado de creer en la formación continua y en el poder de la educación para cambiar vidas. Creo profundamente en enseñar con sentido, en formar vínculos y en dar espacio al error como parte del aprendizaje. La educación me cambió la vida, y me mueve poder generar ese impacto en otros», sostiene.
Marco comenta que el 94% de sus estudiantes quiere ir a la universidad y el 87% quiere dejar la región. Siente que a pesar de que existe una oferta académica en Aysén, el éxito aún se mide cuando un joven emigra de la región.
Se define como una persona bastante introvertida, excepto cuando está en su trabajo y cumple el rol de docente. Fuera de ahí, le cuesta compartir con otros. Asegura que el ser parte de una familia numerosa de hombres y estudiar toda su vida en colegios de varones, afectó negativamente el desarrollo de sus habilidades sociales.
Se define también como disperso y desorganizado, al punto que es incapaz de planificar sus propias vacaciones. «Me suelo planificar mentalmente, pero me carga hacer listas de cosas por hacer. Pese a ello, intento aprovechar toda instancia para resolver problemas, ya que me gusta ser eficiente y en aquello soy muy autoexigente. En mis 6 años de docencia, creo que me acomoda improvisar y la informalidad en mis clases, lo que me facilita la llegada a los jóvenes, sin dejar espacio para la falta de respeto».
Se inscribió en PROVOCA primeramente por apoyar a muchos de sus alumnos con cartas de recomendación para que reciban mentoría STEM, y finalmente quedaron 2 de ellos y él se formó como mentor. «Sin dudas esta iniciativa me dará herramientas para inspirar y guiar a mis alumnos. También me permite reencontrar el propósito que me llevó a la pedagogía y que conforme pasan los años, a veces nos come la rutina y se diluye. También me incentiva para motivar el pensamiento crítico de mis estudiantes en el escenario social e incluso político, una tarea que me inspira como profesor», agrega.
A futuro, se imagina asentándose en Concepción, trabajando en la enseñanza y concretando su sueño de crear una cervecería artesanal.