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Daniela Arias González

Daniela Arias González

Doctora en biología molecular

Ocupación: Investigadora postdoctoral del Centro de Biotecnología Vegetal, Universidad Andrés Bello
Región: Metropolitana de Santiago
Pasatiempos: Nadar mucho, practicar ashtanga yoga, escalar, tejer, pasar mucho tiempo con mi pareja y mis hijas-gatas

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Daniela vive con su familia que la conforman su pareja, Roberto, y sus tres «hijas-gatas»; Violeta, Ramona y Melina. Creció junto a su mamá y su hermana menor. Comenta que su infancia fue muy tranquila, disfrutaba mucho ir al colegio, estudiar y hacer tareas. Con orgullo, asegura que fue una niña muy responsable y amistosa. Hasta los 15 años quiso ser profesora de historia y psicóloga, pero en algún momento que no precisa, la biología despertó su interés.

Recuerda haber tenido un profesor en enseñanza media, que le mostró lo fascinante que podía ser la biología y hasta hoy lo agradece. Estando en la universidad, tuvo profesoras que la inspiraron e incidieron en que hiciera un camino en la ciencia, el que no ha sido fácil. Daniela hizo un diplomado, un magister y un doctorado. Realizó una pasantía de investigación en Europa (Barcelona), asistió a congresos nacionales e internacionales, y cuenta con publicaciones científicas. «Me he adjudicado proyectos de investigación y tengo la suerte de trabajar con personas que día a día me inspiran de alguna forma por su inteligencia, sus ganas de aprender, su esfuerzo constante, su simpatía, sus ganas de ayudar, su humanidad, su vulnerabilidad y su profesionalismo», asegura.

Desde el 2009 se desempeñó como profesora de biología y ciencias naturales, principalmente en el Colegio La Girouette (hasta 2024), pero también en otras instituciones. Comenta que haciendo clases, siempre quiso investigar sobre biología y por ello decidió cursar un diplomado en biología celular en la Universidad de Chile (2011). A partir de entonces, comenzó en la carrera “científica”, ingresando al magister en ciencias biológicas de la misma universidad y haciendo su tesis en biología molecular vegetal. Posteriormente, ingresó al doctorado en Biotecnología Molecular de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile.

En 2022 comenzó a ejecutar su proyecto Fondecyt de postdoctorado. Desde 2024 divide su jornada laboral, trabajando medio tiempo como investigadora de postdoctorado en el Centro de Biotecnología Vegetal (CBV) de la Universidad Andrés Bello (UNAB). También ha realizado clases de fisiología vegetal y de biología celular en otras universidades, y en cuanto a divulgación científica, ha participado en diversas actividades de vinculación como el programa Explora, en la Municipalidad de Ñuñoa y en la UNAB.

Se define como una mujer muy observadora y poco conversadora, responsable, ordenada, y muy conciliadora en sus equipos. Actualmente trabaja en sus capacidades de liderazgo, reconociendo que no es una habilidad espontánea en ella.  «Creo que para otros, trabajar conmigo es algo agradable y constructivo, ya que me gusta enseñar desde la experiencia a quienes aún no manejan ciertos conocimientos y prácticas», sostiene.

En cuanto a su tiempo libre, su actividad principal es la natación. Hace más de 15 años también practica yoga, siendo una parte esencial de su vida; al punto de reconocerse como una «Daniela pre y post yoga», ya que fue un cambio radical en su forma de ser y ver la vida. Y a su lista se agrega escalada con sus compañeros de trabajo.

Las áreas de conocimiento que más le interesan son las ciencias y el arte. En cuanto a sus proyectos, Daniela espera seguir adjudicándose fondos para investigar, y compatibilizar con sus actividades de docencia.

Su motivación para convertirse en mentora STEM es poder transmitir mensajes que le hubiera gustado recibir cuando aún no se decidía por este camino. Además, considera que es una oportunidad de aprendizaje para su desarrollo personal y como profesional.

Daniela asegura que experimentó dificultades cuando decidió cambiarse de su “carrera de mujeres” (profesora de biología) a la científica. Muchos insistían en que era difícil y solo para hombres extremadamente inteligentes. «Hubo personas que incluso me dijeron si abandonaría porque obviamente tenía que formar familia y tendría hijos que me necesitarían más que la biología, y otros me dijeron que era muy mayor para hacer un doctorado. Experimenté muchos prejuicios, y esos comentarios afectaron mi confianza», explica. A través de PROVOCA, espera ayudar a otros a superar este tipo de encrucijadas vocacionales.

Sueña con que no exista tanta competencia por obtener fondos para la investigación y así eliminar el estrés de buscar constantemente una fuente de financiamiento.